jueves, julio 15, 2010

El lado oscuro del Corazón...

Rostro de vos


Tengo una soledad
tan concurrida
tan llena de nostalgias
y de rostros de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
de primeras de cambio
y de último vagón.

Tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto
y por sabor.

Sin temblor de más
me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
con mi rostro de vos.

Estoy lleno de sombras
de noches y deseos
de risas y de alguna
maldición.

Mis huéspedes concurren
concurren como sueños
con sus rencores nuevos
su falta de candor
yo les pongo una escoba
tras la puerta
porque quiero estar solo
con mi rostro de vos.

Pero el rostro de vos
mira a otra parte
con sus ojos de amor
que ya no aman
como víveres
que buscan su hambre
miran y miran
y apagan mi jornada.

Las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada.

Ya mi rostro de vos
cierra los ojos
y es una soledad
tan desolada.

lunes, julio 12, 2010

Tú dime realmente que es el todo y que es la nada.
Con que descaro me pides que te olvide.

domingo, julio 11, 2010

Necesidades básicas

No quiero abrazos de bajo presupuesto, me niego a caricias sin sazón, sin condimentos. Necesito pasiones a lo Hollywood, crímenes que merezcan ser resueltos por Sherlock Holmes. Me urge besos dignos de una portada de la Hola!

Besos con mala ortografía

Estimado, amado:

Lamento infinitamente que el escrito que usted ha hecho en mis labios tenga errores ortográficos. Sobre todo cuando usted ha demostrado ser un hombre con amplia trayectoria en el oficio de dejar tinta sobre otras bocas.

Mi señor, usted ha puesto un punto final donde yo pretendo que haya una coma.

En medio de mi pronta despedida imploro no seguir expuesta al tedioso camino que me arrastran a los puntos suspensivos y signos de interrogación.

Quien le ama..
Saiduby Toro
"Has llegado tan impuntualmente a mi vida que he decidido corregir todos los relojes hacia tu posibilidad". Leonardo Padrón.

domingo, julio 04, 2010

"Encanto es lo que tienen algunos hasta que empiezan a creérselo"Simone de Beauvoir

De blog en blog

"Pero aquí queda la constancia de que cedí otra vez al impulso adolescente de escribir como catarsis, y no como oficio"

Simplemente quería elegir

A diario confirmo que mi deseo más frustrado es no haber nacido hombre. El no escoger qué tener o no entre mis piernas es una de las cosas más desconsoladora con las que he tenido que lidiar. Si en mis manos hubiese estado el ser o no ser de seguro no estuviera aquí escribiendo esto tan miserable como lo es la propia negación.

Y es que la vida en el cuerpo de una hembra no me ha resultado nada sencillo. He tenido que remover casi todo el vello de mi cuerpo, limar mis uñas y pintarlas de vez en cuando; aprender a usar tacones, saber qué hacer cuando uno de ellos se rompe.

Pienso que de haber nacido macho, agacharme en los baños públicos y exprimir mi naranja sin rozar la taza nunca hubiese significado gran problema. Pienso y pienso y menos justa me parece la cuestión. Ser hombre me permitiría andar sin sostén SIEMPRE. Tendría más de dos bolas para afrontar la vida.

Quizás mi cabeza no estuviera tan llena de basura como lo está hoy imaginándome siendo la protagonista de otras supuestas frustraciones: virgen a los 40, divorciada, casada, vistiendo santos, abuela, con varices, con el culo gordo, con estrías, con las tetes caídas, sin hijos o con ellos. He ahí el dilema…

Y es que definitivamente para ser hombre se necesitan menos requisitos.

Quizás el afeitar mi cara sería más sencillo que decidir darla o no darla (¿acaso habrían cosas que decidir?). De haber parido mi madre un varón de seguro no estaría escribiendo esto sino “matando fiebre” en un partido de futbolito. Si yo fuese portadora de testículos pasar por una alcantarilla nunca hubiese creado pánico en mi madre.

No estuviese mal cambiar de pareja por cada mes que tiene el año y llevarlas a casa fuese una celebración por todo lo alto. Si mi aparato reproductivo fuese otro me hubiesen permitido trabajar a los 16 y no haber tenido que pensar qué significaba tener 15. Nunca hubiese manchado mis pantalones ni verme obligada a taparme con un sweater. Jamás hubiese tenido pena al comprar por primera vez mis propias toallas. ¡En la vida!

Siendo hombre me daría igual que un chico me diga “won”. Sin embargo, en el rol de mujer y el chico que me gusta me dice “won” me hace sentir peor y decir: ¿Acaso no se da cuenta que mi espalda es menos ancha o que por lo menos pretendo vestirme como niña?

Si tan sólo en mi pecho no existieran pezones sino tetillas mi visión del mundo sería menos trágica. De chiquita tampoco me hubiese escondido detrás de una columna para sacar la enorme panty, con el enorme bordado, de mi pequeño trasero. Ni hubiese detestado las veces en que las delicadas medias se me rasgaban en las fiestas, mucho menos hubiese sido víctima de un regaño por no cruzar las piernas.

De ser yo hoy un tipo de 19 años; las tangas, los bikinis y los hilos serían sinónimos de chicas sexys, “mamis” pues. Pero disfrazada de mujer esto es símbolo de una irritante pero necesaria transición de mis hermosas pantaletas con muñequitos color rosa, esas que cubrían hasta el pensamiento, a unas más caras y con menos elaboración.

Lo siento, Dios o como te llames. Soy una inconforme que detesta lo menstrual y que mis estados emocionales sean dominados por casi 4 días al mes. Pienso que simplemente te equivocaste conmigo. Se las pusiste más fácil a ellos…pero cómo voy a esperar que no sea así si tú también eres hombre. ¿No? Porque hay que ver que eso sí tienen ustedes, don de compañerismo.

Entre machos y hembras

Importante: Usted se encuentra leyendo la segunda sección de éste blog (la primera es Confesiones de una negra)

Dedico mi tiempo a escribir esto porque me hierve la sangre el hecho de ser objeto y sujeto de las estrategias que enredan a machos y a hembras, pero ni modo no me dieron chance de elegir ser una nube, la pata de una mesa, un volcán, algo inanimado.

Vamos a hablar claro como el agua (la del Guaire no cuenta como agua).

Categoría MSN

Caso Nº 1: Cuando un ex después de mucho tiempo te saluda

Macho: Hola chama, ¿cómo estás?

ATENCIÓN: Primero macho que has escrito esto, el “chama” esta demás. No es necesario que te refieras a ella bajo la chocancia de “chama”, “panita”, “chica”, “amiga”. Eso no es lo que hace que quede claro que vienes en son de paz o por lo menos que saludas sin ánimos de volver a tener algo. No, no, no.

Si quieres hablar con naturalidad con ella o tener la fiesta en paz pues debes empezar sabiendo que las hembras no son gafas y saben perfectamente la intención de las palabras.

Caso Nº 2: Cuando hablas con un cuadre, un levante, una novia, etc.

Hembra: Bueno, me voy. Chao, descansa fulano.

Macho: ¿Te vas?

ATENCIÓN: Macho, tú que me lees. Si ella te dice “chao” puede ser por tres razones: 1) Porque prueba si te importa o no su partida o si le estas parando aunque sea algo 2) ¡No chico! está practicando como despedirse 3) Que broma, fíjate que si se va. Se cansó de esperar que le hablaras de algo interesante.

PD: Hembras deberían ser valientes y responderles la pregunta citando una de las tres razones y no con emoticones de caritas tristes que realmente esconden picardía y malas intenciones.

Caso Nº 3: Los ex de nuevo. ¡Qué problema! No saben hablar ni muchos menos escribir.

Macho: "...y cuentame el trabajo, los novios, cuentame de ti"

ATENCIÓN : A ver, generalmente la hembra ante esta pregunta se dice "Pero si ya le dije que todo bien " Pues mujer que me lees, el pana sólo quiere sacarte el punto que más le interesa de todos " ¿Ya tienes novio?"

¡Hombres por Dios ! dejen de torturarse. Si la chica ya tiene otro y le va de maravilla no te lo va a decir a menos que quiera joderte la vida un ratico, sino lo tiene pues te cuento que las mujeres son MALAS, mienten, son sucias, unos pequeños roedores a la hora de hacerte sentir miserable ( ustedes también lo son, sólo que les queda mejor el papel a veces)

Hasta una próxima edición. Dejen de arruinar sus vidas con estas frases y gasten el tiempo en sincerarse.

sábado, julio 03, 2010

Confesiones de una negra

Mi lado femenino sólo se despierta ante dos situaciones, mi lado masculino es mi sistema de supervivencia. Odio repetir casi todo. Sería capaz de matar, sería capaz de morir por alguien. No me gusta que me pidan explicaciones, generalmente tengo voluntad para darlas por sí sola. Admiro más la gente que está muerta.

Pongo música corta vena aunque mi corazón este latiendo con la apropiada frecuencia, no tomo mucha agua. Amo las frutas. Entre el Ávila y la rumba, prefiero la primera. Estoy tratando de volver a darle el valor que merece la palabra "Te amo", me he enamorado muy poco. No sé si quiera tener bebés. Soy la mejor sapa de mi misma, me cuesta mentir, me cuesta perdonar. Comería mejor si tuviera una casa. Dormir es mi mayor pérdida de tiempo.

Mi risa no tiene poder de voluntad, ella puede irrumpir hasta en los lugares donde no se le necesita. No he aprendido a suprimir el llanto. Casi nunca me enfermo, casi siempre pienso en algo y no lo digo. Amo mi color, no me gustan mucho los hombres blancos. Me dan asco los hombres musculosos, odio el brote de las venas, odio el bigote.

Aprecio más una salida autentica que una rosa roja con la bendita cajita de chocolates. Nunca he podido decir “este es el mejor cumpleaños de mi vida”. No me gustan los números ni el inglés, por la misma razón que algunas personas dicen “no me gusta la salsa”.

¿Qué es eso de enamoramiento?




Yo no sé qué es exactamente. Sospecho que es algo así como cuando te comes una arepa salidita del fuego lento, ves como se derrite la mantequilla en su interior y mueres por darle el primer mordiscó; así de sabroso es. Como cuando llevas todo un año esperando una película y al estar frente a la taquilla no sabes si gritar, llorar o que carrizo; así de desesperante es.



Como cuando te pones consumista, destapas tu refresco y ese sonido chispeante es orgasmo para tus oídos o cuando por la mañana escuchas la cafetera y llega ese adictivo olor a tu cama; aja, tal cual frenético placer al escuchar a ese que te corresponde. Sí, sí como cuando caminas por los pasillos de algún centro comercial; te detienes, ves una vitrina y resulta que tienes al lado al actor que te baja las pantis o al cantante que te hizo delirar con cada estrofa compuesta. Te cuento que es así de igualito. Te agarra por sorpresa, divina sorpresa.


Es que es algo así como cuando te pagan por hacer lo que más te gusta, como cuando no estudiaste un carrizo y sacas 20. ¿No te digo que es igualito? Es tan grande que no crees ni siquiera merecerlo. Es una sacudida al ego.

Estado de emergencia

Creo que hizo bien a la terapia permanecer en estado de emergencia, sin ti.

Sí, eso creo. Hizo bien no verte más o por lo menos verte en fotos circunstanciales, saber de ti por inercia, por los amigos en común que nos quedaron. Porque sólo nos quedaron en común ellos y el dolor. Quizás también otras cosas que solamente puedo aceptar en períodos de extrema debilidad.

Creo que hizo bien a la terapia sufrir cada uno por su lado, sin hacernos daño, vivir en duelo por un tiempo y encontrar nuestro propio camino. Digo creo porque nunca he estado segura de nada. He sido incrédula ante todo, incluso ante tu olvido. Pero, confieso que es sanador dar todo por muerto, hablar de lo concluido.

Creo que hizo bien a la terapia probar otros labios, basar canciones en otras personas, sentir el calor de otro cuerpo. Creo que el olvido no es para mí la palabra que justifique tu fantasmagórica ausencia. Es que eso siempre serás: un fantasma, quizás ahora de los buenos, de esos que me persiguen para que recuerde mis errores contigo y no los cometa con otro.

Creo que hizo bien a la terapia esperar a que me volvieras hablar, que dejaras de odiarme o hacerme creer eso. Creo que hizo bien tratar de entender que solo éramos víctimas de un estado infinito de convulsión, entender que estábamos agonizando. Creo que hizo bien llorarte en silencio y no hacerte partícipe de mi sufrimiento. Quiero creer en este credo.

Ella



Pocos saben de Ella. He decidido llamarla así porque ya no sé quién es, sencillamente citar su nombre es remitir a un pasado que recuerdo de un presente que no conozco. La mayor de las razones es porque mantenerla en anonimato minimiza el dolor (mentira #1).

Cómo hablar de una imagen tan borrosa como indescifrable, una especie de código de barra cuyo lector no creo jamás conseguir (mentira #2 porque aun tengo esperanza). Odio evocarla, añorarla, vivir atada a algo que ya no es Ella.

Hace tanto tiempo que la arrancaron de aquí, viéndola en memorias. Una remembranza que padeceré sola, porque a la edad en que se fue uno recuerda pequeñas cosas y a la edad que la perdí uno recuerda todo. Sí, esos son los más grandes y dolorosos puntos: su partida y nuestra diferencia de edades.

Por un lado tenerla lejos es no tenerla, Ella ha sido el más grande de mis guayabos, el despecho más arrecho porque ninguna de las dos fue declarada culpable de nuestro rompimiento. Y le agrego estas palabras porque en cuestiones de amistad se sufre tan jodidamente como en las relaciones amorosas.

Ella fue la más grande de mis amigas, la hermana que nunca fue concebida. Puedo decir que le contaba mucho: sabía mis colores favoritos, el nombre de mis muñecas, la comiquita que más veía, que camisa quería usar casi que a diario, conocía el lado de la cama en el que dormiría. Ella sabía lo que unas mejores amigas, a nuestra edad, necesitaban saber la una de la otra.

Ella amaba los nuggets y yo la hamburguesa, Mcdonald´s era nuestra cita perfecta. Las diferencias entre ambas eran imperceptibles o por lo menos bastante llevaderas. Ella adoraba los conejos…digamos que yo no tanto.

En nuestros juegos siempre eramos grandes mujeres, madres, ejecutivas. Sí, mujeres exitosas. Cuando yo cocinaba, Ella alimentaba a nuestras hijas (que por supuesto también eran amigas). Nunca necesitamos la figura de un hombre, sólo nosotras bastábamos para amar.

Yo odiaba cuando otros niños la hacían llorar, yo lamentaba cuando peleábamos en el carro y nos torcíamos los ojos diciendo “no le hablo”. Odiaba cuando no la dejaban venir a casa a jugar o cuando se tenía que ir antes de que Ken se casara con Barbie. Siempre odie nuestras separaciones.

Podíamos compartirlo todo, incluso la ropa. Hoy en día no creo porque ella está mucho más grande que yo; como suele pasar con eso de las nuevas generaciones. Incluso nuestros gustos a la hora de vestir ya no deben coincidir, así como no coinciden nuestros tiempos, nuestros espacios, nada.

De pequeñas Ella reía conmigo mientras sin temor nos bañábamos juntas, hasta que un día me di cuenta que yo comenzaba a experimentar la adolescencia y que compartir la ducha ya no era cómodo…por lo menos no para mí.

Eso sí, en esos tiempos amábamos la playa. Higuerote fue sede de mis más grandes recuerdos con Ella: las lanchas, los perritos huérfanos, los helados, el nintendo 64, el jeep, los trajes de baños, los caracoles, el erizo que ambas pisamos, las arepas con huevos revueltos, las colitas, la paella, los chalecos, las compotas, las galletas, La Pasión de Cristo, Matilda, Tom y Jerry, Gasper, la mesa de fútbol, el escondite, la picada del mosquito, los disfraces, las bombas de agua, el Club de los Tigritos, Amigos por Siempre.

Si tan sólo le hubiese dicho cuánto amaba escuchar la puerta y saber que era ella que venía por mí para jugar, si tan sólo tuviese la oportunidad ahorita de recordarle todo esto y mirarla a los ojos y ver que por lo menos algo de mi recuerda.

Si pudiera decirle tantas cosas: que no soporto no entender muchas palabras cuando hablamos por el chat, que sus fotos me hacen verla cada vez más lejos, más desconocida. Que cuando me despido de ella aun duele y que por eso he dejado de escribirle. Si pudiera gritarle que la extraño y que eso nunca cambiara, si tan sólo me dieran la oportunidad de verla por 5 minutos. Seguramente llorando le diría que la quiero y no perdería tiempo en abrazarla.


ATENCIÓN


Ciertamente las mejores canciones han nacido en medio de la tristeza, del temor, de la agonía, del mismísimo despecho. Quizás el mejor post también. Empezaré diciendo que miento, le miento a ustedes y me miento a mí, iniciaré advirtiendo que lo que leerán será la más grande mentira que he escrito porque nada puede describir con exactitud todo lo que siento.

En principio porque mi mente va a un ritmo totalmente descoordinado y mis lágrimas harán que pierda el hilo en recurrentes ocasiones. Continuaré escribiendo porque hablar sería sucumbir a un incesante llanto. Finalizaré con frases dignas de algún patético premio a la peor novela latinoamericana, y cito a las latinas porque no hay cosa más sufrida que ellas (esto me recuerda a Liendo, una profesora de la que un día hablaré). Trataré de ir por partes, por títulos, por casos, por capítulos, por experiencias.